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Salir de la zona de confort

Entre mediados de agosto y principios de septiembre el proyecto #regulacionconvergente salió de su zona de confort. Uno de los rasgos que comparte el equipo investigador de este Fondecyt es que creemos firmemente que el conocimiento científico no puede quedarse dentro de las paredes de la Universidad y que debe salir al mundo para ser compartido, pero también contrastado con la realidad compleja que nos proponemos comprender a través del método científico.

El diseño original del proyecto contemplaba distintas acciones divulgativas una vez que tuviésemos una base de hallazgos suficientes para socializar y problematizar con otros y otras. Es así como en agosto estuvimos realizando talleres en el norte (La Serena y Coquimbo) y en el Sur (Temuco) del país.

Su propósito era doble: por un lado, recoger información sobre el estado de la discusión sobre distintas aristas de la regulación de la convergencia digital en regiones fuera de la capital del país y, por otro lado, hacer formación en el tema a organizaciones sociales y gremiales, academia, funcionarios públicos y estudiantes de carreras universitarias afines al tema de la investigación (periodismo, derecho, sociología, ciencias políticas, administración pública, economía).

Tanto en el norte como en el sur realizamos dos talleres, esto con el propósito de profundizar algunos tópicos entre personas con perfiles más parecidos. Una mención especial y agradecimiento a las amigas y amigos de universidades regionales con quienes hicimos alianzas para poder llevar a cabo la actividad.

Entre los temas que emergieron de estas conversaciones estuvo el lugar de las regiones en una institucionalidad reguladora de la convergencia de las comunicaciones, la preocupación por la percepción de debilidad y dispersión de funciones relativas a la regulación de distintos aspectos de las comunicaciones entre diferentes instituciones públicas; la necesidad de innovar en legislaciones e instituciones adaptadas a los nuevos desafíos; el resguardo de la soberanía tecnológica de países pequeños como Chile frente a los intereses de las big tech; la dependencia que generan los algoritmos sobre la visibilidad así como la sostenibilidad económica del trabajo periodístico; desinformación y burbujas informativas; la regulación del uso de la IA generativa en el ejercicio informativo dentro de procesos electorales; compatibilizar regulación con ejercicio de la libertad de expresión y asegurar la autonomía regulatoria respecto de los gobiernos de turno; los problemas de conectividad que aún existen en algunas regiones y que operan como formas de exclusión; la disolución de los límites entre ser periodista o ser generador de contenidos o influencer, la interseccionalidad género – clase – etnia ante situaciones de acoso digital; quién asegura la protección de nuestros datos personales en este nuevo escenario; la importancia de políticas públicas de alfabetización mediática hacia personas mayores, pero también hacia jóvenes, junto con la agencia ciudadana para abordar estos problemas y no esperar solamente soluciones de arriba abajo, entre otros.

Luego de esta intensa experiencia, a principios de septiembre convocamos a una reunión científico – técnica titulada “Regulación de la convergencia tecno mediática desde la evidencia. Un diálogo con agentes relevantes”. Su propósito: exponer la metodología, instrumentos y hallazgos de nuestro trabajo con investigadores e investigadoras de universidades y centros de pensamiento nacionales que han abordado líneas relevantes del proyecto, con el propósito de recibir sus opiniones, críticas y retroalimentación experta. Fue un espacio interdisciplinario donde confluyeron profesionales de comunicaciones, derecho, sociología, ingeniería y ciencias políticas, entre otros, que nos permiten introducir mejoras en algunos aspectos del proceso de investigación.

Sin embargo, lo más interesante de la conversación surgida en este espacio fue la pregunta sobre cómo avanza la incidencia con los agentes relevantes del sector, a partir de la evidencia, en el tema de nuestra investigación.

De allí emergieron varias pistas sobre cómo este proyecto debe seguir saliendo de su zona de confort y abrirse al diálogo con agentes como el sector público y el sector privado, especialmente de la industria, las plataformas digitales y los gremios; la importancia de volver a revisar las medidas de la Unión Europea, tanto las que han funcionado como las que no; comprender el contexto geopolítico en el cual se plantea esta conversación, aprovechando al mismo tiempo las condiciones que puede permitir la articulación entre academia y sociedad civil en este tipo de temas.

En síntesis: más trabajo. Pero eso ya lo sabíamos. Porque si bien este esfuerzo lo hacemos en condiciones desiguales frente a otras partes, tenemos la firme convicción de que hay que mover el cerco en esta discusión y que la cultura política chilena no puede ser vista como un factor que determine o predestine de manera unívoca las condiciones o posibilidades en las cuales se puede avanzar en una mejora de la institucionalidad regulatoria de la convergencia digital, sino que es una variable de contexto a tomar en cuenta, pero que también podemos transformar por medio del propio hacer.

Por Chiara Sáez, septiembre de 2025

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